Movilidad

El Plan de Desarrollo 2016 – 2019 para Ibagué establece la necesidad de transformar el sector “vías, transporte y movilidad”, para lo cual determina que las políticas del sector reflejan la prioridad definida por una jerarquía de la movilidad urbana que privilegie “los modos más deseables en el siguiente orden: peatones, ciclistas, transporte público, logística y transporte de carga y por último el vehículo particular. Con lo cual se pretende disminuir los niveles de accidentalidad y estimular el uso de medios más sostenibles, compatibles con el medio ambiente y contribuyentes a mejorar problemáticas asociadas a la movilidad.” De esta manera, se podrá avanzar en la construcción de un sistema de movilidad sostenible e incluyente.

El reto es grande en un contexto en el que continúa creciendo el parque automotor y la mayoría de actores ven en la congestión vehicular el problema más apremiante para la movilidad en la Ciudad. Los lineamientos de la política buscan promover el transporte no motorizado y el colectivo, mientras que cada vez más personas prefieren el transporte personal motorizado (automóviles y motocicletas). Es crucial para la Administración Municipal, el Concejo Municipal y la ciudadanía en general entender que la movilidad personal motorizada no solo es demasiado ineficiente, sino que, de seguir privilegiándola, nos llevará simplemente a un recrudecimiento de las problemáticas que actualmente surgen: congestión, siniestralidad, insostenibilidad e inequidad.

Tal vez un mensaje deberá sobresalir como más urgente para decisores y electores: más infraestructura vehicular genera, inevitablemente mayor congestión. Es decir, “más vías” no se traducirán en “menos congestión”. Esta relación es clara para la academia desde hace décadas, mas no así para quienes toman las decisiones. Muchas ciudades alrededor del mundo, sin embargo, han empezado a entenderlo y, en consecuencia, a planear y dirigir sus inversiones atendiendo las necesidades y deseos de todas las personas, no solo de los motoristas. Ibagué está en un punto de quiebre, decidiendo qué camino tomar: la ruta hacia un futuro sostenible y una ciudad más vivible, o la autopista hacia un mal entendido “progreso”.

Modos de transporte

Las cifras de la Secretaría de Tránsito, Transporte y de la Movilidad muestran que el crecimiento del número de vehículos automotores parece haber alcanzado ya su pico. Entre 2015 y 2016 la tasa de crecimiento del parque automotor matriculado en la Ciudad volvió a ser de un solo dígito (7,2%). No obstante, el crecimiento de las camionetas (SUV) continúa siendo el más alto (9,7%), por encima del de las motocicletas (8,2%). Las camionetas plantean el reto de representar mayor consumo de espacio y de combustible. Las motocicletas alcanzaron en 2016 un total de 100.651 unidades y plantean un reto enorme en términos de seguridad vial. Con estos datos Ibagué alcanzó en 2016 una tasa de 30.686 automotores por cada 100.000 habitantes.

A espera de la información recabada para la construcción del Plan Maestro de Movilidad y Espacio Público, la Encuesta de percepción ciudadana de Ibagué Cómo Vamos arroja una partición modal del 59% para el transporte público (49% para el colectivo y 10% para el individual, incluyendo 1% en Uber), 29% para la movilidad personal motorizada (10% para el automóvil y 19% para la motocicleta) y 12% para la movilidad no motorizada (10% a pie y 2% en bicicleta). Aunque vale la pena mencionar que en una encuesta de percepción los viajes a pie suelen ser subrepresentados. Así que en una encuesta de movilidad se esperarían resultados mucho más altos para el transporte no motorizado.

Aun así, salta a la vista la alta participación del transporte público. Un hecho para resaltar por sí mismo, pero que además resalta la ineficiencia de la movilidad personal motorizada. Menciona la Secretaría de Tránsito, Transporte y de la Movilidad que en el día sin carro las necesidades de movilidad de los ciudadanos son principalmente cubiertas por las 800 busetas del Transporte Público Colectivo y los 2700 taxis del Individual. A lo que hay que añadir también otros vehículos de transporte público cerrado como rutas escolares y de empresas, y abierto como rutas veredales. Pero aun sumando en total los 12.514 vehículos de transporte público matriculados en Ibagué, queda en evidencia la incidencia de los restantes 158.963 vehículos particulares, oficiales y diplomáticos en los problemas asociados a la movilidad de la Ciudad.

Ahora bien, si se desea construir un sistema de movilidad sostenible e incluyente, la Administración Municipal debe enfocarse en construir alternativas sólidas, seguras y eficientes a la movilidad personal motorizada. Y pese a que se observan avances interesantes en el Transporte Público Colectivo gracias a la reestructuración adelantada desde 2016, como la disminución de rutas superpuestas, la rotación de todos los vehículos por todas las rutas, la estandarización de lugares, colores y tipografías en las tablillas de información, el pico y placa para regular la sobreoferta y aciertos como la Ruta 90; aún faltan avances significativos en la promoción de los modos no motorizados (a pie y en bicicleta).

Algunos de los inconvenientes existentes se ponen de manifiesto en el día sin carro y sin moto. Una de las intersecciones con mayor carga de la Ciudad, en la Carrera 5 con Calle 37 ve reducido el número de automotores en un espacio de 12 horas (de 7 de la mañana a 7 de la noche) de 63.139 vehículos en un día típico a 23.418 en el día sin carro y sin moto. Una reducción significativa que debería traer gran tranquilidad a las calles.

No obstante, el nivel de ruido continúa superando el máximo recomendado de 70 dB en ese punto (la diferencia en el ruido es más grande y favorable en el punto de medición de la Carrera 5 con Calle 60). Pero bien podría aprovecharse el día sin carro y sin moto para promover el uso de modos no motorizados generando corredores seguros para andar a pie y en bicicleta utilizando el espacio dejado por los automotores. Además, le vendría muy bien a la Ciudad que el día sin carro y sin moto se hiciera más de una vez al año, o que hubiera restricciones temporales más frecuentes en determinadas calles para utilizar con mayor libertad el espacio para caminar y moverse en bicicleta, patines, patineta, etc.

Así mismo, por más que el día sin carro y sin moto le viene muy bien al medio ambiente y se reducen las concentraciones de material particulado (PM10) en los tres puntos de medición, se requieren acciones más contundentes para mejorar las condiciones de los vehículos del transporte público en términos de emisiones. Valdría la pena también considerar mejores mediciones de material particulado, en ubicaciones más al nivel de las personas y con condiciones más problemáticas de polvo y emisiones. Solo así se podrá garantizar que se logre la ambiciosa meta del Plan de Desarrollo de 30 μg/m3 en cuanto a concentración de material particulado.

El Plan de Desarrollo también es ambicioso (teniendo en cuenta el poco avance histórico) en la promoción de la bicicleta para empezar a transformar la movilidad en la Ciudad. Durante 2016 Ibagué fue incluido en el Plan Piloto del Ministerio de Transporte para Sistemas de Bicicletas Públicas y recibió 60 unidades. Es deseable que la implementación esté acompañada de infraestructura segura y cómoda tanto para los usuarios del Sistema de Bicicletas Públicas como para todos los demás ciclistas urbanos.

Seguridad vial

La seguridad vial continúa siendo un problema gravísimo en Colombia. En el posconflicto se espera que se le dé más atención y se generen políticas y estrategias adecuadas para eliminar la violencia del tránsito. Ibagué ha realizado un convenio con la Agencia Nacional de Seguridad Vial para avanzar en ese sentido, pero los resultados aún no están disponibles, más allá de la semaforización de dos puntos críticos (Mirolindo y entrada al Topacio). No obstante, la Agencia Nacional de Seguridad Vial aún debe demostrar resultados efectivos en todo el País y cambiar con hechos su imagen de agente burocrático con poco efecto en la práctica.

El informe de la Secretaría de Tránsito, Transporte y de la Movilidad para Ibagué Cómo Vamos tiene un dato que parece bueno pero que puede ser preocupante para la seguridad vial. Aunque sin detalles sobre la metodología y los puntos de recolección de información, la Secretaría estima que la velocidad promedio de los vehículos en el área urbana ascendió a 36 km/h. Tomado como un indicador de congestión vehicular, parece un esfuerzo positivo. Pero el incremento de la velocidad vehicular no puede considerarse como un objetivo en sí mismo, pues la velocidad está directamente relacionada con la gravedad de los siniestros de tránsito.

Las probabilidades de que un peatón muera en un atropello se incrementan radicalmente cuando las velocidades vehiculares superan los 30 km/h. Por lo tanto, debería ser inaceptable poner en peligro la vida de las personas apuntándole a velocidades más altas para los flujos vehiculares. Además, en un entorno urbano como el de Ibagué, mayores velocidades de tienen menor influencia en la compensación de las demoras. Es decir, no por ir más rápido se llega más temprano, pues las demoras se concentran en intersecciones donde no se pueden mantener velocidades altas.

Así que hay que cambiar el foco y concentrarse en mejoras en el diseño de las calles para hacer espacio a todos los usuarios si queremos reducir las 89 fatalidades (de las cuales 25 peatones atropellados) y 1752 lesiones (de las cuales 393 en peatones atropellados, es decir, más de uno al día) que según datos preliminares del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses se presentaron en Ibagué en 2016. La mayor parte de las víctimas (42 muertes y 1016 lesionados) continúan siendo motociclistas. De allí que las mejoras en infraestructura deben acompañarse de transformaciones en los comportamientos.

En ese sentido, la Secretaría de Tránsito, Transporte y de la Movilidad reporta 15.422 comparendos en 2016. Una reducción considerable respecto a los 27.653 de 2015. La infracción más sancionada es la del estacionamiento prohibido con 2705 comparendos en 2016, a los que se suman 1184 comparendos por bloquear una calzada o intersección, algo crucial para recuperar espacio para los peatones, ciclistas y para la mejor circulación del resto de vehículos. No obstante, un recorrido por la Ciudad indica que hace falta aún mayor control de esta infracción y hace pensar en la necesidad de implementar con urgencia zonas de estacionamiento pago en la vía.

La segunda infracción más sancionada a los ibaguereños es la de no tener la revisión técnico-mecánica al día (2097 comparendos en 2016). Le siguen infracciones por no portar los documentos requeridos: 1290 conductores fueron penalizados por no llevar consigo licencia de conducción, 998 por no haberla obtenido ni siquiera, 882 por no tener licencia de tránsito (más conocida como tarjeta de propiedad) y 629 por no llevar los seguros correspondientes. En otras palabras, nos falta como ciudadanos una conciencia del peligro que representa conducir un vehículo motorizado en tanto que podemos causar daño a alguien más o a nosotros mismos, y nos aventuramos a conducir sin asumir la responsabilidad que ello implica.

Infraestructura

La información correspondiente a la infraestructura para la movilidad indica 541 km de vías en las 13 comunas de Ibagué, pero no refleja el espacio disponible para peatones ni ciclistas. Las calles constituyen la mayor cantidad de espacio público de una ciudad y es imperativo dejar de verlas exclusivamente como el espacio de circulación vehicular. Si queremos promover una jerarquía adecuada en la movilidad urbana, privilegiando a peatones, ciclistas y transporte público, debemos empezar por entender las calles como el espacio completo entre los paramentos de las edificaciones. Y en ese espacio debe haber lugar para todos los usuarios.

De hecho, bajo esa perspectiva se pueden planificar de manera más eficiente las inversiones en construcción y mantenimiento de las calles. La Secretaría de Infraestructura indica que el 41%, es decir 224 km de vías, se encuentra en buen estado, 20% en regular estado y 39% en mal estado. Si se aprovechan las labores de mantenimiento para regularizar y disminuir los anchos de los carriles y de las calzadas no solo se logrará un ahorro significativo en asfalto y concreto, sino que se vislumbrará mejor el espacio para todos los usuarios. Esto es particularmente crítico en las calles locales de la Ciudad, que suelen ser innecesariamente anchas.

De hecho, llama la atención que las comunas con mayor cantidad de vías en mal estado sean la 5 (79%), la 4 (70%) y la 10 (60%), pues su ubicación es relativamente central para la Ciudad. Es probable que se esté priorizando (con justa razón) la intervención en las calles principales sobre las locales en estas comunas. Lo cual señala una oportunidad más para reconvertir espacio público atribuido actualmente a los carros y devolvérselo a las personas.

Especialmente porque en Ibagué la Secretaría de Infraestructura se ve limitada en las posibilidades de intervención de andenes, pues el Acuerdo 028 de 2003 del Concejo Municipal, por medio del cual se adopta la normativa general de espacio público, otorga esa responsabilidad a los propietarios de los predios. Esto dificulta la regularidad y conectividad para la movilidad peatonal y el disfrute del espacio público. De allí que la intervención en andenes durante 2016 haya constado de apenas 597 m² construidos y 635 m² recuperados. Exiguo, comparado con los 65.000 m² de calzada recuperada.

A manera de cierre

Basta solo reiterar que de todos depende qué camino tomar: transformar la movilidad para seguir una ruta hacia un futuro sostenible y una ciudad más vivible, o continuar favoreciendo la movilidad personal motorizada pensando que nos lleva al “progreso”.

Accidentalidad

Informe de calidad de vida – Movilidad

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