EDITORIAL: La Triste Realidad

Junio 11, 2016 – 07:01

Todavía se recuerda el desenfado con el que, dos mese antes de dejar el gobierno, el jefe de los traganíqueles entrevistaba al alcalde Rodríguez y lo elogiaba por haber sido la suya el epítome de las administraciones, la eficacia y la eficiencia de sus políticas, entrevista que, por supuesto, vino acompañada del sonido de la registradora.

Han pasado casi seis meses desde cuando se retiró la pasada administración municipal de Ibagué y no cesa la acumulación de malas noticias y perjuicios derivadas de tan funesto cuatrienio: por cuenta de la ineptitud, el desgreño y la corrupción advertidas en la contratación que se conjugaron para que las construcciones en donde funcionarían dos canchas de squash no se ejecutaran, Coldeportes ha determinado que los dos equipos destinados para Ibagué se lleven a otras ciudades del país; de la misma manera, tres ciudades colombianas se aprestan a servir de sedes para el campeonato mundial de futsal, ya que Ibagué (que había sido designada) perdió la posibilidad por los factores citados arriba.

Ahora se viene a conocer el resultado de la investigación realizada por el programa Ibagué Como Vamos, respecto de la percepción ciudadana sobre la administración de la capital del Tolima en el último cuatrienio, que se cruza con la información entregada por los diferentes entes municipales al final de su gestión.

Es preciso recordar que Ibagué Como Vamos hace parte de un programa nacional, del que hacen parte ocho ciudades, por medio del cual se monitorea periódicamente la percepción de los ciudadanos sobre el destino y rumbo de sus ciudades. Programa que se rige por similares parámetros y que, en últimas, pretende señalarle a las administraciones las falencias que encuentra el ciudadano o la satisfacción por el desempeño para que sirva de guía y alerta sobre lo que puede estar fallando o lo que debe replicarse.

La miope concepción de la fracasada administración la emprendió contra las entidades promotoras del programa (Cámara de Comercio, Universidad de Ibagué y EL NUEVO DÍA) ya que este registraba el acelerado deterioro de la ciudad, el rechazo ciudadano a la ineficiencia y los señalamientos por la corrupción que se enseñoreaba en la ciudad. Creyeron los protagonistas del desastre que con fletar a un sector del periodismo local para que elogiara lo inelogiable y callara sobre el desastre se conseguiría tapar el sol con las manos.

Como lo registra el informe de Ibagué Como Vamos la debacle no se redujo al fracaso de los Juegos, la parálisis en las obras del acueducto o la nula gestión en movilidad, sino que muestra el retroceso vivido en educación, salud, seguridad, vivienda y hasta en variables como el suicidio y la propagación del sida.

Todavía se recuerda el desenfado con el que, dos mese antes de dejar el gobierno, el jefe de los traganíqueles entrevistaba al alcalde Rodríguez y lo elogiaba por haber sido la suya el epítome de las administraciones, la eficacia y la eficiencia de sus políticas, entrevista que, por supuesto, vino acompañada del sonido de la registradora.

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