Seguridad ciudadana

La concepción de seguridad ha venido cambiando con el tiempo y actualmente se enfoca no solo en la protección que debe brindar el Estado a través de las acciones policiales de ley y orden sino que trasciende a un concepto mucho más amplio: El de la Seguridad Ciudadana; esta a su vez implica que el ciudadano pueda acceder a las oportunidades de manera segura y con la confianza plena de que dichas oportunidades no se perderán el día de mañana, hecho por el cual se relaciona directamente con el concepto de calidad de vida, ya que tiene una relación directa con variables como el desempleo, la educación, desplazamiento y pobreza entre otros que pueden ir en detrimento o a favor de la calidad de vida en una región.

Delitos de impacto

 

La calidad de vida requiere también incorporar un análisis de la seguridad ciudadana, entendiéndola como una necesidad social, enmarcada por las exigencias de la población frente a temas de inseguridad, delincuencia y violencia.

Conforme a lo que plantea Zambrano(2005, pág. 69), “(…) De seguridad ciudadana puede concebirse de forma amplia como las condiciones que generan un contexto que minimiza los riesgos y potencia el tejido social para que las personas, en tanto ciudadanos sujetos de derechos, puedan desarrollarse de acuerdo a los proyectos de vida que han definido”. Tomando como referencia esta definición se puede entonces llevar el análisis de las cifras e indicadores de seguridad ciudadanaen Ibagué.

posible evidenciar en la gráfica 1 que los delitos de mayor impacto recaen sobre los homicidios, el hurto a personas, lesiones personales y el hurto a residencias; es cierto, también, que el hurto a viviendas sufrió un aumento respecto al año 2015, pasando de 548 a 608 casos un incremento en 60 eventos de hurto- aun así, la cifra es claramente inferior si la comparamos con 2012, cuando el hurto a residencias ascendió a 680 casos. En todo caso, resulta claro que el hurto a personas y las lesiones personales tomaron una dinámica creciente en especial desde el año 2014.

Ahora bien, el comportamiento de la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes, de la gráfica 2,muestra una leve disminución, ubicándose por debajo de las cifras de los años 2012 y 2015; si bien la cifra no es del todo positiva, Ibagué está lejos de estadísticas alarmantes como las de otras ciudades del país, por ejemplo, Cali,que para el año 2016 presentó 54 asesinatos por cada cien mil habitantes.

Tomando una radiografía más detallada de los homicidios, ahora por rango etario y sexo, se observa que, en 2016, 91 de los casos se dieron en el sexo masculino y 10 en las mujeres; del total, 67 casos corresponden a víctimas ubicadas en el rango de 18 a 37 años. Esta cifra es preocupante porque significa que el 66.33% de las víctimas de homicidio se encuentran en edad productiva; los costos para la sociedad son incalculables en términos de vidas humanas, en creación de capital humano y en deterioro del tejido social.

Exponercon exactitud el porqué del comportamiento demostrado en las cifras anteriores no es una labor fácil; son muchas las modalidades en las que se puede ejecutar el homicidio, pero es claro que un gran porcentaje de estos se desarrollan en entornos de baja convivencia, y porque en muchos casos las víctimas están desarrollando actividades ilegales. Así lo evidencia la gráfica 4 en la que se muestra la composición de los homicidios de acuerdo a las modalidades más relevantes: las riñas causaron 63 muertes, es decir un 62.4% y en ajuste de cuentasotras 32 que representan el 21%.

Es importante destacar que mientras para el 2015 las riñas presentaron 55 casos, para el año 2016 estas ascendieron a 63 casos, por el contrario los homicidios por ajuste de cuentas disminuyeron de 32 casos en el 2015 a 21 eventos en el 2016. Lo anterior evidencia que persisten los problemas estructurales de convivencia entre los ibaguereños: abuso de licor, conflictos entre vecinos o pequeñas dificultades cotidianas aparecen como excusas para desarrollar comportamientos violentos que en muchos casos terminan en decesos. Esto es consistente con lo que el programa Ibagué Cómo Vamos presentó en la Encuesta de Percepción Ciudadana 2016. En efecto, los datos subjetivos muestran que los ibaguereños son muy poco respetuosos de las normas básicas de convivencia, así como de personas en condición de vulnerabilidad o de minorías étnicas o sexuales.

De otro lado, sobresale la cifra de hurto a personas, con una clara evolución creciente desde el año 2012 y con una pequeña disminución en el 2014, año en el cual la cifra fue inferior a 2.000 casos, pero es en el año 2016 donde se presenta la cifra más alta de los últimos seis años: la tasa para 2016 se ubicó en 574 por cada cien mil habitantes, muy por encima de la cota alcanzada para el año 2010, cuando la tasa se ubicó en 292.

Capítulo especial merecen las lesiones personales. Es preocupante la evolución de este delito de impacto, con un constante crecimiento desde el 2011; entre este año y el 2016 la diferencia de casos es de 1.968, por lo cual es claro un deterioro de la convivencia en la ciudad, del respeto por la vida, y de la solución pacífica de los conflictos. Todo ello se suma para que las cifras en este delito sean cada vez más negativas y se reflejan en otras variables como son los homicidios.

Además de lo anterior, al analizar los otros delitos de impacto, que tienen menor incidencia cuantitativa en la estructura criminal que caracteriza a la ciudad de Ibagué, se encuentran: el hurto a establecimientos comerciales, hurto de motos y el hurto a vehículos.

El hurto de bienes muebles ydel capital de los ciudadanos no solo tiene un impacto monetario, sino también que este se traslada al bienestar anímico de las personas, la sensación de robo a pertenencias cuyo valor puede estar ligado a grandes esfuerzos –el costo de oportunidad de adquirir estos bienes es alto- o que representan sentimentalmente o simbólicamente algo,resulta impactando negativamente sobre la calidad de vida. Como puede observarse en la gráfica 5 de estos delitos de menor impacto, el más frecuente es el hurto a establecimientos comerciales, con 456 eventos en el último año. No obstante, es importante destacar que desde el año 2012 se presenta una tendencia a la disminución (entre 2013 y 2016 han ocurrido 89 casos menos) aunque lejos del número de casos que se presentaron en el 2010 y en el 2011.

También la gráfica 5 muestra la evolución del hurto de motos, el cual muestra igualmente una clara tendencia a la disminución del número de eventos: mientras que en el 2012 ocurrieron 367 casos en el 2016 acontecieron 159, es decir una disminución porcentual de 56.7%.

El hurto a vehículos es la variable con cifras menos negativas. Su comportamiento esinestable, pero mantiene un promedio de 27,7 casos en los últimos 7 años; por debajo de este promedio está el último año evaluado con 24 eventos.

La evolución anterior de estos delitos, se refleja en el comportamiento de la tasa por cada cien mil habitantes. En efecto, obsérvese que, por ejemplo, en el caso del hurto a vehículos se llega a su nivel más bajo en el año 2014 seguidas de los años 2013 y 2016; la gráfica 6 pone en consideración que mientras en el 2012 por cada cien mil habitantes existieron 68 hurtos de vehículos, para el año 2016 esta modalidad de delito solo llega a 29 por cada cien mil habitantes, lo cual representa una reducción considerable también evidenciada en los últimos años; análogo comportamiento es el del hurto a establecimientos comerciales que en el año 2016 solo presentó 82 casos por cada cien mil habitantes, la cifra más baja de los últimos 5 años.

En cuanto a victimización, es importante analizar la composición de los delitos de impacto de acuerdo al sexo de la víctima, pues ello permite un análisis del porqué sucede este delito y qué relación existe entre la estructura del crimen en Ibagué y la estructura social y las prácticas culturales cotidianas que repercuten en los problemas de convivencia que aquejan a la capital musical de Colombia. En el caso de los homicidios, en el 90% de los eventos las víctimas son hombres: de 101 casos 91 fueron del sexo masculino, mientras que 10 pertenecen a mujeres;esto podría explicarse debido a que un gran número de homicidios se presentan por ajuste de cuentas, a partir de actividades ilegales, en las cuales los hombres poseen la mayor participación.

En el caso de las lesiones personales, en el 61% de los casos las víctimas fueron hombres, mientras que el 39% restante fueron mujeres; si bien la participación de las mujeres es menor respecto a los hombres, es importante resaltar que, en este delito, el porcentaje de víctimas mujeres es mayor, comparado con el porcentaje de casos en la cifra de homicidios; esto podría indicar la configuración de un escenario de violencia intrafamiliar, ligado al fenómeno del machismo en el cual la mujer es una propiedad de la cual se espera sumisión. Más adelante algunas cifras refuerzan esta hipótesis; aun así,la cifra en el sexo masculino es mayor, ya que el número de riñas protagonizadas por hombres es alto y esto resulta ser un síntoma de una ciudadanía con bajo grado de convivencia y respeto por el otro, como se ha evidenciado también en los resultados de la encuesta de percepción ciudadana, mencionados anteriormente.

Para complementar el análisis efectuado por sexo, es importante también tener en cuenta la composición etaria pero no de acuerdo a las víctimas, sino las personas capturadas. Es así que en la gráfica 8 se puede observar que la mayor parte de los victimarios son jóvenes: entre los 18 y 25 años el número de capturados asciende a 1.501 y en el rango de menores de 18 años, el número de capturados asciende a 360, es decir, esto muestra que 4 de cada 10 capturados son jóvenes o adolescentes.

Hacer una lectura del porqué a cortas edades se ingresa al mundo delincuencial puede ser extensa, pero entre aquellos factores que más influyen para que se presente este fenómeno están la falta de escolaridad, de oportunidades laborales o situaciones en las que los hijos de padres antisociales o alcohólicos pueden tener más riesgo de desarrollar esta misma condición delictiva(Limosin, 2000).La evaluación de los jóvenes que delinquen tiende a determinar, entre otros aspectos, hasta qué punto los comportamientos delictivos son debidos a la comorbilidad con uso de sustancias psicoactivas y a factores socio ambientales, o si por el contrario, dichas conductas se encuentran originadas en condiciones intrínsecas de los individuos, que están asociadas a un inicio temprano, a un comportamiento violento y a una elevada carga familiar(Ross, 1999). Más allá del debate entre estas dos posturas,existe consenso en torno a la pertinencia deconfigurar políticas inclusivas hacia los jóvenes, proveer espacios adecuados para que estos desarrollen sus capacidades y confronten sus conductas.

A modo de conclusión en este balance general de los delitos de impacto, se puede señalar que ha sido importante la reducción en delitos tales como el hurto a establecimientos comerciales, hurto de motos y hurto de vehículos. Estas cifras han venido reduciéndose desde el 2013, pero esto no ha sido impedimento para que la percepción de inseguridad haya aumentado en 11 puntos porcentuales, como se mostrará más adelante. Ahora bien, vale la pena llamar la atención sobre el comportamiento de los delitos en el año 2014.Parece ser que en este se refleja algún fenómeno que da inicio a cifras negativas en los delitos de lesiones personales, hurto a personas y hurto a residencias. Es decir, en este año se presenta un punto de inflexión en el deterioro de la seguridad si se tienen en cuenta estos tres delitos.

Delitos de impacto por Comunas

 

Al realizar el balance de la evolución de los delitos de impacto por comunas, encontramos resultados importantes. Como puede observarse en la tabla 1, para el año 2016 la comuna 12 encabeza la lista con el mayor número de homicidios en el último año (18 casos); llama la atención que, al evaluar la serie completa desde el año 2012, resulta claro que este delito ha presentado un crecimiento importante, en especial en los últimos dos años. En todo el periodo de estudio, estos dos años presentan los niveles más altos, lejos del número de homicidios presentados en el año 2015, cuando llegaron a cinco casos. Le siguen en orden de frecuencia de casos de homicidio las comunas uno con 15 casos, la comuna ocho con 14 casos y las comunas nueve y siete con 12 casos respectivamente. En las comunas restantes, aunque se presentaron casos de homicidio, estos no fueron tan altos como en las comunas mencionadas, lo cual muestra que en Ibagué el delito de homicidio se concentra fundamentalmente en cinco comunas de la ciudad: una en la zona noroccidental, una en la zona suroccidental, una en la zona suroriental y una en la zona nororiental.

En el caso de las lesiones personales (tabla 2), al igual que en el año 2015, en 2016 estas continúan presentándose primordialmente en la comuna 1, aunque se evidenció una pequeña disminución respecto al año anterior. En efecto, mientras que en la comuna uno las lesiones personales que se presentaron en 2015 alcanzaron una cota de 388 casos, en 2016 llegaron a 379. No obstante, el número de lesiones personales en esta comuna sigue estando muy por encima de los niveles que se presentaron en 2012 y 2013; es a partir de 2014 cuando los casos de lesiones personales en esta comuna empezaron a superar los trescientos casos ocurridos. El segundo lugar en lesiones personales lo ocupa la comuna nueve con 353 casos y le siguen en su orden, aunque un poco más lejos la comuna siete (307 casos), la comuna ocho (301 casos). Aunque nuevamente este delito se concentra casi en las mismas comunas en las que se concentraron los homicidios, vale la pena anotar que aquí es más clara la concentración de la mayoría de los casos de lesiones personales en las comunas uno y nueve. Mientras que las lesiones personales en la comuna unos representan el 13.23% del total de casos de la ciudad, la comuna nueve aporta el 12.32% del total. Es decir, entre estas dos comunas aportan el 25.5% del total de lesiones personales de la ciudad de Ibagué.

También llama la atención que a la hora de explicar el incremento en las lesiones personales entre 2015 y 2016 (recordemos que pasaron de 2.299 a 2.864), son las comunas siete y nueve las que más aportan a este incremento. Obsérvese que en la comuna siete los casos de lesiones personales pasaron de 177 a 307 entre 2015 y 2016, es decir, un incremento de 73.4%; entre tanto, en la comuna nueve, mientras que en 2015 se presentaron 251 casos, en 2016 la cota llegó a 353, con un incremento de 40.63%. vale la pena destacar que la comuna tres es en la que menos se presenta este flagelo, aunque llama la atención que en todo el periodo de estudio han venido en aumento estos casos en esta comuna. De hecho, como se observa en el cuadro, entre 2012 y 2016 casi se han duplicado los casos de lesiones personales presentados en esta zona de la ciudad.

De otro lado, al evaluar el comportamiento del hurto a personas en las comunas de la capital musical de Colombia, el cual como señalamos anteriormente presentó un importante incremento en el conjunto de la ciudad, la mayor incidencia de este flagelo se encuentra claramente en la comuna uno con 655 casos, es decir, el 20% del total de casos de la ciudad. Es importante anotar que el centro de la ciudad hace parte de esta comuna, por lo cual es dable pensar que siguen concentrándose este tipo de delitos en la zona céntrica, por la confluencia de ciudadanos que van a esta zona a realizar todo tipo de actividades. Le siguen en su orden de incidencia por número de casos la comuna nueve con 398 casos y la comuna ocho con 315 casos y la comuna diez con 304 casos. Entre estas cuatro comunas se explica el 52.6% del total de casos en el conjunto de la ciudad. Llama la atención que en la comuna dos, en la cual los casos de hurtos a personas en años anteriores habían estado por debajo de cien, para 2016 pasarán a 120 casos, lo cual implica casi una duplicación respecto al año 2015. Así mismo, en la comuna siete también se exhibió una duplicación del número de casos, al pasar de 106 en 2015 a 214 en 2016.

De otra parte, como se observa en la tabla 4 el hurto a residencias en la ciudad de Ibagué, discriminado por comunas, arroja resultados importantes. Aunque este no es el principal delito que se comete en la ciudad, no significa que no resulte afectando de manera sensible la calidad de vida, pues el impacto de un hurto sobre el sitio en el que se habita resulta afectando estructuralmente la sensación de inseguridad del grupo familiar, pues el hogar por definición debería ser el espacio en el que los ciudadanos se sientan más seguros.

Los casos de hurto a residencias por comunas, a diferencia del hurto a personas que aumentó en todas las comunas, muestra resultados dispares. De un lado, las comunas uno, dos, cinco, siete, ocho y trece evidenciaron disminuciones leves, mientras que el resto de comunas tuvieron incrementos. ¿Por qué aumenta entonces el número de casos de hurto a residencias en Ibagué entre 2015 y 2016? Para explicar este incremento a pesar de que en seis comunas de la ciudad este delito tuvo una caída, es necesario observar el comportamiento de este delito en las comunas en las cuales creció. Tan solo en la comuna nueve los casos pasaron de 77 a 104 –el mayor número de casos en el conjunto de la ciudad, es decir, un incremento de 35%. Así mismo, en la comuna seis los casos pasaron de 44 a 62, lo cual significó un incremento del 40%. Es decir, en las comunas donde se incrementó este delito, el aumento más que compensa la disminución del delito en las comunas en las que se presentó una disminución.

También, vale la pena analizar la evolución de los casos de hurto a establecimientos comerciales, los cuales como hemos mencionado antes, han desplegado una tendencia a la disminución en todo el periodo de estudio, más allá de que en los últimos años se hayan presentado casos que por su espectacularidad e impacto mediático pudieran influir en la percepción de los ciudadanos acerca de que este tipo de delitos pudieran haberse incrementado.

El avaluar todo el periodo de estudio 2012-2016, encontramos que la disminución más importante en este delito se presenta en la comuna tres, al pasar de 44 casos en 2012 a 23 casos en 2016; de igual forma, en la comuna diez, los casos se han reducido a la mitad, al pasar de 71 casos en 2012 a 33 en 2016. Al hacer la comparación entre 2015 y 2016, las comunas uno, dos, tres, cinco y diez son aquellas en las que se ha dado una disminución en este delito. En las demás se han presentado incrementos pequeños, que han arrojado como resultado global una disminución del número de casos de hurto a establecimientos comerciales. Esto se explica porque la disminución se ha visto precisamente en aquellas comunas donde tradicionalmente se cometen este tipo de delitos, como son la comuna uno –que incluye la zona céntrica de la ciudad-, la comuna diez y la comuna tres. En el caso de este delito, resulta claro que la acción policial ha logrado impactar favorablemente para una disminución sistemática de este delito.

Finalmente, vale la pena mostrar la evolución del hurto a motocicletas en la ciudad de Ibagué, analizando su comportamiento por comunas. Aunque este delito no es de los de mayor impacto en la estructura del crimen en la ciudad, es importante mencionarlo toda vez que el parque de motos de la ciudad es grande y ha venido creciendo en los últimos años como consecuencia del mejoramiento del nivel de ingresos de los hogares y los problemas del transporte público que estimulan el cambio hacia opciones privadas y económicas de transporte.

La tabla 6 muestra lo ocurrido con este delito en los últimos años. Partiendo de que la tendencia global en la ciudad es a la disminución en el número de casos, al pasar de 367 en 2012 a 159 en 2016, en las comunas uno, dos, tres, siete y once se presentaron disminuciones. Obsérvese que en la comuna uno que es la que históricamente ha presentado mayores casos de este delito, es donde se ha mostrado la disminución más importante. Mientras que en 2012 se presentaron 58 casos, para 2016 estos llegaron apenas a 19, es decir una reducción de 67.24%; entre tanto, en la comuna tres esta reducción en el mismo periodo ha sido de 80.55%, en la comuna 4 de 83.3%. De igual forma, cuando se analizan los resultados del último año comparados con el año inmediatamente anterior, se encuentra que en la comuna dos se presentó la mayor disminución en este delito, pues mientras que en 2015 se presentaron 15 casos para 2016 estos solos llegaron a 5. En la comuna tres, los casos se redujeron a la mitad, al pasar de 14 a 7, así como en la comuna once al pasar de 10 casos a tan solo 5.

Ahora bien, teniendo en cuenta estos resultados, ¿qué puede explicar que en la Encuesta de Percepción Ciudadana de 2016 la sensación de inseguridad de los ibaguereños, en especial en los barrios, haya aumentado a pesar de que algunos delitos de impacto han presentado disminuciones? Recuérdese que mientras en 2015 el 17% de los ibaguereños dijeron sentirse inseguros en su barrio, para 2016 esta cifra aumentó a 27%; entre tanto, la sensación de inseguridad en el conjunto de la ciudad pasó de 27% a 22%, de acuerdo con los resultados de la Encuesta de Percepción Ciudadana.

Consideramos simplista aquella explicación que intenta señalar que esta aparente disparidad entre datos objetivos y subjetivos se debe a que en los medios de comunicación locales hay una mayor exposición de los delitos que cotidianamente ocurren en la ciudad y que construyen entonces una sensación de inseguridad en los ciudadanos, como si todos los delitos estuvieran aumentando. Si bien es cierto que la forma como se presentan las noticias, el espacio que se les da en la agenda informativa y el cubrimiento de las mismas puede incidir en la exageración de alguna problemática, al estilo de la agenda setting (Weaver, 1996), en la que se induce a la ciudadanía en la definición de cuáles deben ser los temas prioritarios de la agenda pública, esta explicación no tiene en cuenta que para el caso de Ibagué, varios de los delitos que impactan cotidianamente a los ibaguereños sí presentaron importantes incrementos, de modo que la sensación de inseguridad de los ciudadanos no es un asunto solo de percepción sino que tiene una base real.

Como señalamos atrás, entre 2015 y 2016 el número de homicidios en la ciudad de Ibagué disminuyó, al pasar de 103 a 101 casos; lo mismo ocurrió con los hurtos a establecimientos comerciales, que pasaron de 466 a 456 y que en todo el periodo de estudio han presentado una tendencia a la baja. Situación similar ha ocurrido con el hurto a motocicletas, que se redujeron a la mitad entre 2012 y 2016. Hasta aquí los resultados deberían favorecer una disminución en la percepción de inseguridad.

No obstante, como se mostró anteriormente, han existido incrementos muy significativos en otros delitos, en especial las lesiones personales, el hurto a personas y el hurto a residencias. Nótese que estos tres tipos de delitos afectan la tranquilidad de los ciudadanos particularmente en los barrios, que es donde los ibaguereños perciben una mayor sensación de inseguridad en 2016 respecto al año 2015.

Mientras que en 2012 los casos de lesiones personales fueron 1.281, en 2016 esta cifra llegó a 2.864, es decir un incremento de 123.5% en este periodo; además, de los casos presentados en 2016 el 79.1% ocurrieron en las comunas donde predominan zonas residenciales (es decir, excluyendo la comuna uno en la que se encuentra ubicado el centro de la ciudad).

De otro lado, como se mostró en otra parte, el hurto a personas pasó de 2.187 casos en 2012 a 3.177, mostrando un incremento de 45%; para este último año, el 73.4% de los casos ocurrió en las comunas donde predominan zonas residenciales.

En el caso del hurto a residencias, aunque el número de casos en 2016 es inferior al de 2012, si lo comparamos con el año inmediatamente anterior sí encontramos un aumento, pues en 2015 fueron reportados 548 casos mientras que en 2016 estos llegaron a 608; resulta obvio esperar que la sensación de inseguridad de los ibaguereños en los barrios donde habitan haya aumentado si el hurto a residencias aumentó 11% en el último año. Nótese que este aumento coincide con el incremento en diez puntos en la percepción de inseguridad en los barrios arrojado por la Encuesta de Percepción Ciudadana.

Este tipo de delitos que afectan la seguridad (lesiones personales, hurto a personas y a residencias) son asociados por parte de la comunidad al consumo de licor, sustancias alucinógenas, pero también a problemáticas sociales ligadas a la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades y la descomposición del tejido social, como lo ha señalado el informe Acrim de la Policía Metropolitana (Metropolitana, 2017). Esto es precisamente lo que muestra también la Encuesta de Percepción Ciudadana: en efecto, al preguntarle a los ibaguereños cuáles son los factores más graves en relación con la seguridad de su barrio, el 58% respondió que la drogadicción es el principal fenómeno que afecta su tranquilidad, seguido de los atracos callejeros con 49% y la existencia de pandillas con 16%. Lo anterior evidencia que el incremento en la percepción de inseguridad en los barrios por parte de los ibaguereños sí tiene un fundamento objetivo, pues aquellos delitos que más impactan la tranquilidad de las zonas residenciales han presentado incrementos importantes, lo cual se traduce en un menor bienestar ciudadano.

Denuncia de delitos de alto impacto

 

 

La seguridad ciudadana está ligada a la calidad de vida por distintos factores, entre estos están:los emocionales, monetarios o sociales; entendiendo esto, es evidente la importancia de presentar mejoras en términos de seguridad, pues conforme a lo que enuncia Laub(2001, pág. 1)

El reconocimiento de la relevancia que tienen los temas de seguridad en el campo de los fenómenos sociales emergentes en la última década, la creciente importancia en el orden de las preocupaciones de la población, así como su creciente integración en las agendas gubernamentales como fenómenos condicionantes al pleno desarrollo democrático, al mejoramiento de la calidad de vida de la población y al crecimiento económico, fundamentan la pertinencia de su integración en la agenda de la producción académica que permita generar una articulación entre la investigación, las políticas públicas y las estrategias de intervención … Hoy, en el marco de la globalidad, de la extensión de los ajustes económicos y regresivos, del incremento de la pobreza y de la brecha entre quienes más y quienes menos poseen, de los esfuerzos por generar condiciones para vivir con mayores niveles de seguridad, se impone incluir herramientas que permitan involucrar nuevos actores, establecer alianzas y compromisos que reorganicen un movimiento en pos de la valorada meta social.

Es significativo entonces que el ciudadano integre esta lucha frente a la inseguridad, a través de acciones fundamentales, tal como lo es la denuncia del delito, que, conforme a ajustadas y eficientes leyes, se logre instaurar una idea de justicia. No obstante, es menester reconocer que la evolución de las denuncias tiene estrecha relación con la confianza en el sistema de justicia y el incremento de la sensación pública respecto a la obtención de resultados como consecuencia de estas denuncias.

En la Encuesta de Percepción Ciudadana 2016, se evidencia que la tasa de denuncia de los delitos sigue siendo baja; apenas 4 de cada diez ciudadanos víctimas de un delito establecieron algún tipo de denuncia. Además, tres de cada diez ibaguereños señalaron haber sido testigos de un caso de violencia contra la mujer, pero solo dos de cada diez lo denunciaron. Este comportamiento de baja denuncia de delitos se encuentra estrechamente relacionados con la sensación de impunidad: seis de cada diez ibaguereños consideran baja la probabilidad de que un delito sea sancionado efectivamente.

En la gráfica se evalúa el comportamiento de las denuncias de las cinco variables de delitos de impacto; estos presentan un comportamiento similar a los datos objetivos ya expuestos con anterioridad.

Los delitos con mayor denuncia son el hurto a personas y las lesiones personales, los cuales presentan un comportamiento de sucesión a subrayar; por ejemplo, en los años 2012 y 2013 el delito por el cual se recibieron el mayor número de denuncias fue el hurto a personas, el segundo de ellos fue lesiones personales; pero entre el 2014 y el 2015 las lesiones personales pasan a liderar el número de denuncias y es el hurto a personas el segundo delito con mayor cifra de denuncias; aun así este fenómeno parece volver a presentarse cuando en el año anterior el hurto a personas representa la cifra más alta de denuncias y las lesiones personales con 2.376 denuncias ocupa el segundo lugar. Entre el 2012 y el 2016 el hurto a personas ha crecido en número de denuncias, pues pasó de 1.644 en 2012 a 2.563 en 2016, una diferencia de 919 denuncias adicionales. Para el caso de lesiones personales las denuncias pasaron de 906 en el 2012 a 2.376 en el año 2016, una diferencia significativa de 1.470 denuncias, lo cual puede asumirse como una variación positiva.

El hurto a residencias es el tercer delito con mayor número de denuncias durante los cinco últimos años; desde el año 2012 ostenta un comportamiento decreciente, excepto en el año 2015 donde aumentó en dos denuncias la cifra del año inmediatamente anterior. El hurto a entidades comerciales pasó de 306 denuncias en el 2012 a 178 en el último año, demostrando un comportamiento decreciente en los últimos cinco años; por último, el hurto a automotores muestra que mientras en el 2012 fueron 57 las denuncias por este delito, en el año 2016 se recibieron 28 denuncias, una reducción de 36 eventos.

Examinaremos acá, los datos anteriores pero desde el concepto de tasa por cada cien mil habitantes; la gráfica 8permite destacar que en el año 2016 se presenta la mayor cifra de denuncias de los últimos 5 años, mismo comportamiento el de las denuncias por lesiones personales, que en el 2015 presentó 343 denuncias por cada cien mil habitantes y en el año 2016 estas ascendieron a 425 denuncias por cada cien mil habitantes; por el contrario los delitos de hurto a residencias, hurto a entidades comerciales y hurto a automotores, presentaron en el último año la menor cifra de denuncias por cada cien mil habitantes de los últimos cinco años; es así que el hurto a residencias en el año 2016 presentó 77 denuncias respecto a las 96 del año 2012; el hurto a entidades comerciales presentaba en el año 2012, 57 denuncias por cada cien mil habitantes, y en el último año tan solo se denunciaron 32 casos; por último las denuncias por hurto a automotores, presentaban una cifra de 68 denuncias instauradas en el primer año de la medición y para el año 2016 el número de denuncias por este delito llegó únicamente a 28.

Sumado a lo anterior, se permite una comparación entre el año 2015 y el 2016 por tasa de denuncia; esto deja en evidencia el progreso o retroceso del número de denuncias por delito de impacto.En la gráfica 9 se puede observar que en términos porcentuales las lesiones persónales no presentan una gran variación, solo se registró un aumento del 0,4% de denuncias; así mismo, esta misma diferencia se da en las denuncias instauradas por hurto a personas, ya que en el año 2015 se efectuaron en el 80.3% de los casos las denuncias, y en el año 2016 este porcentaje ascendió al 80.7%.

Tanto el hurto a residencias, como el hurto a entidades comerciales y el hurto a automotores, presentan una disminución en el porcentaje de denuncias entre el 2015 y el 2016; el hurto a residencias presentaba para el 2015, 548 eventos, de ellos se denunciaron 443, pero para el año 2016 de 608 eventos, se denunciaron tan solo 428, por ende, la tasa de denuncia llegó a 70,4%.

Vale la pena destacar que el delito con menor porcentaje de denuncias, es el hurto a entidades comerciales, de cada 10 casos, solo son denunciados 4, de 456 casos en el 2016, únicamente fueron denunciados 178 eventos, una denuncia en términos porcentuales de tan solo 39 puntos. Por último, el hurto a automotores, evidencio una disminución de 6,7% en la tasa de denuncia, de 183 casos, la cifra de denuncia fue de 158.

Lo anterior muestra que se deben realizar esfuerzos de parte de las autoridades para estimular el incremento en el número de denuncias, en especial en aquellos delitos en los que entre 2015 y 2016 se presentaron caídas importantes. Fortalecer las denuncias de hurtos a entidades comerciales y automotores podría fortalecer la disminución que se ha presentado en el número de delitos de esta naturaleza, dada la importante reducción en la incidencia de estas conductas delictivas. Especial atención debe prestarse al hurto a residencias, pues mientras el número de delitos aumentó en el último año respecto a 2015, la tasa de denuncia cayó 10%, lo cual representa una combinación negativa que puede incidir en que los criminales tengan estímulos para aumentar sus acciones ilegales, con todas las consecuencias que ello acarrea para el bienestar, la tranquilidad y la calidad de vida de los ibaguereños.

Denuncias en razón de violencia intrafamiliar

La violencia intrafamiliar, es manifiestamente la revelación más perniciosa del ejercicio del poder; está dada de las distintas formas posibles, de un hombre hacia una mujer, de una mujer hacia un hombre, o de estos hacia sus hijos y en casos extremos de hijos frente a sus padres; Es así que conforme a lo que plantea Corsi(1994, pág. 4)

Para que la conducta violenta sea posible, tiene que darse una condición: la existencia de un desequilibrio de poder, que puede estar definido culturalmente o por el contexto, o producido por maniobras interpersonales de control de la relación …En el ámbito de las relaciones interpersonales, la conducta violenta es sinónimo de abuso de poder, en tanto y en cuanto el poder es utilizado para ocasionar daño a otra persona. Es por eso que un vínculo caracterizado por el ejercicio de la violencia de una persona hacia otra se denomina relación de abuso.

El ejercicio del poder puede entonces convertirse en fuertes formas de violencia que afectan el entorno familiar y social y que por ende es impacto negativo a la calidad de vida.Es posible que a través de las denuncias este factor de violencia intrafamiliar permita no solo un proceso judicial sobre el victimario si no que la víctima logre una vida mejor, no expuesta al victimario.

La gráfica 10 y el cuadro 7 muestran que la participación de denuncias de violencia intrafamiliar de la mujer en los dos últimos años es muy superior respecto a los hombres. Para el 2015 los casos de violencia pasaron de 1.362 a 1.405 en el 2016; de estos 1.405 casos la mujer es víctima en 1098 de ellos, si bien la participación de casos de hombres por denuncias de violencia intrafamiliar para el año 2016 aumentó en 5%, aproximadamente por cada 10 denuncias de este tipo de violencia, 8 son de mujeres víctimas de este delito. En el deber ser, ningún caso de este tipo debería existir, aun así, conociendo la realidad, es de suma preocupación que las mujeres sean la principal víctima de este flagelo, ya mencionado anteriormente la cultura machista que rodea todo este tipo de comportamientos, no es contrario pensar que los datos seguirán conservando esta dirección.

Es importante recordar aquí que estos datos coinciden con lo evidenciado en la Encuesta de Percepción Ciudadana 2016: tres de cada diez encuestados manifestaron haber sido testigos de un caso de violencia contra la mujer. No obstante, tan solo uno de ellos denunció el delito. Además de ello, la encuesta también reveló que apenas 3 de cada diez ibaguereños consideran que se respetan los derechos de las mujeres.

El delito sexual se define en el informe mundial sobre violencia y salud como(Krug, 2009, pág. 161)“todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”. Así es que la claridad del concepto permite entender en un alto grado el amplio contenido psicológico, social y físico que lleva consigo un delito sexual; en el cuadro 8 el delito sexual es discriminado según la zona del hecho, en donde a partir del año 2014 se ha presentado un crecimiento constante, pues para el año 2016 los delitos de este tipo llegan a 312 casos, una diferencia de 67 casos frente al año 2014, la participación porcentual de delitos en la zona rural ha venido creciendo desde el año 2012, aun así la cifra es muy inferior comparada con la zona urbana pues esta en cuanto a delitos sexuales ostenta una cifra promedio de participación del 91%.Es claro que esta diferencia es manifiesta, pues el 94% de la población de Ibagué reside en zonas urbanas.

Es necesario complementar la lectura de estos datos, con una discriminación en la que se muestre cómo impacta este delito por sexo de la víctima. El cuadro 9 deja en evidencia que los delitos sexuales son ejercidos en gran medida sobre la mujer;en el sexo femenino los datos han tenido un comportamiento creciente desde el año 2014, pues en el mencionado año 204 fueron los casos perpetrados, mientras que para el 2016 acontecieron 70 casos más, con una cifra global de 214 delitos sexuales; en los últimos 5 años el promedio de participación de mujeres como víctimas de este delito es del 85%, mientras que el promedio en el sexo masculino es del 15%.

Es claro y evidente que ante estas cifras, análogas también a nivel nacional y mundial, la mujer es violentada de forma sistemática; los movimientos sociales y feministas han desatado desde el año 2000 la máxima ola de protestas y movilizaciones desencadenando una visualización de la mujer como víctima, por la razón de ser mujer;no en vano el termino feminicidio empieza a implementarse gradualmente, y en el caso colombiano se promulga la ley Rosa Elvira Cely que cataloga al feminicidio como delito autónomo.

Violencia de pareja

Se puede definir como violencia de pareja, una ejecución de poder, por la cual mediante acciones u omisiones se afecta o controla por encima de su voluntad a aquella persona que comparte un vínculo sentimental, afectivo, intimo ya sea un noviazgo, un matrimonio u otra relación que vincule convivencia dictada por el amor; Para explicar las causas de la violencia de la pareja, las investigaciones psicosociales contemporáneas destacan el pertenecer a una cultura patriarcal en la que el hombre cuenta con un estatus superior al de la mujer y ejerce la violencia como medio de control.Así lo señala los estudios de(Johnson, 2008), por ende es importante considerar los factores culturales, sociales y de interacción, siendo una mirada multivariada de elementos que reflejan las cifras que aquí se exponen.

Efectivamente, con anterioridad en el apartado de denuncias por violencia intrafamiliar se expusieron cifras ligadas a violencia física, así es que para este análisis se quiere a través de las cifras de violencia física ejercida por pareja o expareja tomar una lectura del comportamiento de este flagelo en la ciudad de Ibagué.

En primera medida, la discriminación por zonas en las que ocurre esta contravención, muestra cómo la participación rural en el total de casos de violencia, frente a la urbana es muy baja; a pesar de ello desde el año 2012 la cifra se ha venido acrecentando, por ejemplo, la diferencia de casos en la zona rural entre el año 2012 y 2016 es de 120 casos adicionales; si se hace el mismo ejercicio con la zona urbana se evidencia que existen 148 casos menos que en el año 2012; aun así esta cifra no puede ocultar que para el 2015 los datos eran aún más positivos, ya que 115 fueron los eventos de violencia física ejercida menos respecto al último año.

Son apenas contados los casos en que no figuran una ubicación exacta del hecho, es así que en lo corrido de los últimos 5 años evaluados tan solo se tienen definidos cuatro episodios de violencia ejercida por pareja o expareja, por fuera de la zona urbana y rural.

Se establece la necesidad de conocer cómo estos delitos impactan según el sexo de la víctima, pues así se podría efectuar un análisis del comportamiento de este delito.

El sexo femenino durante los últimos cinco años en promedio ha sido víctima durante el 86% de los casos, en el año 2016 presenta un fuerte crecimiento respecto al año anterior, 174 casos nuevos en mujeres. El hombre ha sido víctima durante los últimos 5 años en promedio en el 14% de los casos, presentando un crecimiento en el último año de 15 casos sobre el año 2015. Es importante anotar que es probable que estos datos estén subestimados, pues precisamente la cultura machista que rodea este tipo de comportamientos influye en que las mujeres se vean cohibidas a realizar las denuncias, por lo cual es probable que exista un importante subregistro de casos, lo cual muestra la profundidad de este fenómeno.

En resumen, el cuadro13 demuestra radicalmente cómo, la violencia física por pareja o expareja es ejecutada en la mayoría de los casos por el hombre.No es sorprendente el dato si concebimos la cultura machista, en la que, en un principio, el uso de la fuerza sobre la mujer se asumía como un escenario natural, pero nada más contrario a esto, el machismo es una construcción socio-cultural, por tanto,es esencial efectuar una de-construcción de ellopara fijar en la sociedad un incuestionable respeto hacia la mujer.

El análisis por comunas de la violencia ejercida por pareja o ex pareja, demuestra un comportamiento análogo presentado en el delito sexual, pero con un crecimiento de participación de casos en cada comuna de forma alarmante.

Para el año 2016 la comuna 7 llega a su más alta cifra de casos de los últimos 5 años (109 casos), cifra superada por la comuna 8 donde en el 2015 se presentaron 95 casos y en el 2016 unos 111 eventos. Si bien la estratificación de la ciudad no delimita en grandes zonas sectores de riqueza o pobreza, la comuna 7 y 8 presenta altos índices de pobreza, desempleo, dificultades para el acceso al sistema educativo, entre otros condicionantes socioculturales que resultan afectando las conductas en pareja, pues el machismo como ejercicio de poder prepondera donde no se concibe el respeto por el semejante, el diálogo para la solución de conflictos y se evidencia el fenómeno del machismo.

El cuadro evidencia que el rango en el cual se presenta mayor violencia física no ejercida por la pareja o expareja, es el de 20 a 24 años.A diferencia del recuadro de violencia ejercida por pareja o expareja, estas cifras logran una menor concentración en un rango de edad, aun así, en el rango de 20 a 59 años presenta el 70,6% de los casos de violencia para el año 2016. Resulta preocupante que ni los niños, ni las personas de la tercera edad estén libres de este flagelo: durante el periodo 2012-2016, 1.138 fueron los casos de violencia hacia los menores, mientras que para los adultos mayores en este mismo periodo de tiempo los eventos ascendieron a 436 casos violentos.

En conclusión, es evidente que, en las cifras de violencia, tanto en denuncias como en casos ya señalados se pone en evidencia la fuerte relación que tiene el machismo como estructura cultural sobre la integridad de la familia. Recuérdese que–como se mencionó anteriormente- en la encuesta de percepción ciudadana para el año 2016 en Ibagué se señalaba que tan solo 4 de cada 10 denunciaban al ser víctimas de un delito, pero esta cifra bajaba de 3 ciudadanos denunciantes sobre 10 cuando se estaba midiendo haber visto un maltrato hacia una mujer, puede señalarse que tal vez la sensación de impunidad no genere estímulo para denunciar.

Es entonces un asunto de absoluto interés y desconcierto que la integridad física de la mujer por desgracia esté más segura por fuera de su hogar, y esto es claramente demostrable, cuando por violencia no ejercida por pareja o expareja, en los últimos 5 años la participación del hombre como víctima en promedio es del 61%, pero cuando se habla de violencia ejercida por pareja o expareja, las cifras ponen a liderar al sexo femenino, como víctima del 86% en promedio de este tipo de violencia para el mismo periodo, no cabe duda entonces, que la mujer es una constante víctima de su género opuesto, por algo fundamental, ser mujer. La violencia hacia la mujer, que generalmente se da en el ámbito de las relaciones íntimas o de pareja, se sustenta en un conjunto de concepciones y modelos de ser hombre y de ser mujer que se denominan comúnmente «machismo». El varón se configura como padre, autoridad en el hogar, trabajador, proveedor, con dominio en lo público. Las mujeres se construyen socialmente centradas en la maternidad, protegidas por los varones, dedicadas al hogar y a la crianza y con dominio en lo privado.Es así que solo una deconstrucción de este tipo de conductas, consideradas por muchos como naturales, permitirá en gran medida mejorar en este tipo de indicadores, que al fin y al cabo se reflejan en la calidad de vida.

Si se revisa con cuidado la incidencia de estos delitos por zona, no cabe duda que la mayoría recaen sobre la zona urbana, pero es preocupante el crecimiento de la violencia sexual, violencia en pareja y la violencia física en las zonas rurales, porque si bien su participación en la cifra total es pequeña, se debe tener en cuenta que la información de estas zonas es apenas una cifra corta de lo que realmente es, las condiciones geográficas, climáticas y de comunicación no permite en su totalidad poseer las verdaderas cifras de este tipo de zonas; respecto a los rangos de edad, hay una conexión axiomática entre la vulnerabilidad de ser mujer, y la de tener una corta edad: es más fácil para el victimario ejercer cualquier tipo de violencia sobre su víctima, cuando esta se demuestra indefensa tanto física como psicológica.

De esta manera actúa este fenómenodel cual no escapa la ciudad musical. Por ello, resulta de vital importancia que las autoridades y la sociedad ibaguereña en general, promuevan un pacto social y ciudadano por el respeto a la mujer, que implique acciones efectivas de protección de sus derechos, mecanismos idóneos para el estímulo a las denuncias, creación de un mecanismo de alertas tempranas y la realización de importantes campañas educativas en colegios, barrios y organizaciones comunitarias para reducir y eliminar en el futuro la incidencia de esta execrable práctica violenta contra las mujeres.

Informe de calidad de vida – Seguridad ciudadana

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